Competir es beneficioso

Siguiendo con las entradas relacionadas con el libro de José Mª Buceta, vamos a comentar algunos contenidos de los capítulos 2 y 3 en los que habla de ese verbo que tanto respeto parece imponer a muchos, competir.

Como ya hemos comentado en otras entradas, parece haber muchos prejuicios a la hora de decir que niños y niñas de etapa infantil o juvenil han de competir, aprender a hacerlo y divertirse con ello. Siempre se tiende a extraer la conclusión de que competir es hacerlo con una exigencia de campeonato del mundo y que implica una tortura aplicada por entrenadores y/o familias. Vivimos en una sociedad competitiva que nos educa en esa competitividad, pero en el deporte en edad temprana es como si supusiera pervertir a los jóvenes.

Leemos en el libro que os comentamos que el autor declara que “el elemento competitivo aumenta las posibilidades educativas del deporte: por ejemplo proporcionando la oportunidad de aprender a competir, gestionar el estrés y saber perder y ganar“. Y es que la sobreprotección a la que sometemos a nuestros hijos, a veces, sólo es contraproducente. Antes o después habrán de abandonar esa zona de confort que les fabricamos en forma de burbuja aislante de la cruda realidad. Por medio del deporte de competición se fomentan “estilos de funcionamiento basados en la ambición sana“.

El deporte como medio, la competición como instrumento

Y es que “el objetivo básico del deporte de competición es ganar. Se trata de un juego en el que dos equipos, o dos o varios individuos, compiten entre sí para vencer al adversario“. Y la diferencia fundamental entre el deporte de élite y el deporte de competición sin más hay que tenerla clara. “En el deporte de élite, ganar es un fin. Pero en el deporte infantil y juvenil, competir y ganar deben ser un medio“.

Nuevamente hay que hablar de que no hay que escandalizarse por utilizar verbos como ganar o competir, ni sustantivos como exigencia o compromiso. Como tantas y tantas cosas y conceptos en nuestra vida, todo depende del uso que se haga de todo ello. Así pues “en el deporte base,el hecho de competir para ganar, si se utiliza bien, es una herramienta muy valiosa“. Y es que “lo que sucede en una competición, lo bueno y lo malo, debe aprovecharse más allá del resultado. Este debe ser un medio, no un fin“.

La vida real es competición. Lo imprescindible es educar para que se sepa competir correctamente, que se puedan gestionar las habilidades de cada uno, lo mismo que tolerar las frustraciones. Cuanto antes se forme a nuestros hijos en todas esas sensaciones y sentimientos, mejor preparados estarán para afrontar su futuro.

Por todo lo anterior, las familias y los responsables deportivos no deberían de eludir su parte en toda la formación de los chicos, incluida la parte relativa a enseñarles y hacerles competir. “Los entrenadores y clubes que anteponen sus propios intereses a los de los chicos, carecen de la responsabilidad que conlleva entrenar o dirigir a deportistas jóvenes”.

Importantes es no dejar de lado el concepto de compromiso. Hay que tener muy claro que “sin compromiso, el deporte pierde su valor educativo“.


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