Basket Zaragoza ante su “annus horribilis”

Pocos podían albergar esperanzas de que saliese una buena temporada 2016/17 en Basket Zaragoza, pero acabar la campaña como se ha acabado era algo que nadie quería vivir. Finalizada la liga regular, Tecnyconta se ha salvado por muy poco del descenso. Intentamos analizar las claves de este “annus horribilis”.

Lo que mal empieza…

Soplaban malos tiempos para el baloncesto de élite en la capital aragonesa ya en la temporada anterior. La situación financiera de la entidad se aproximaba a lo asfixiante.

Contratos de algunos jugadores condicionaban la maniobrabilidad de la entidad y el encaje de bolillos se antojaba complejo. Las consecuencias de colocar a Stevan Jelovac en el derecho de tanteo y los contratos de Isaac Fotu, Tomás Bellas, Robin Benzing y Henk Norel eran una carga muy elevada para un presupuesto de los más bajos de la ACB. Sólo esas cinco fichas suponían casi el 80% del presupuesto para el primer equipo.

La salida del patrocinador principal, a pesar de la entrada de Tecnyconta, iba a ser una losa que se ha demostrado demasiado pesada habida cuenta de las consecuencias que ha llevado consigo. A esto hay que añadir la escasa capacidad para la búsqueda de recursos externos del club. Ni siquiera el gran valor de la entidad, la masa social, se supo cuidar en el momento de empezar a sentar las bases de la campaña 2016/17.

Con estos planteamientos el club tuvo que “cargar” con la ficha elevada de Jelovac como consecuencia de su no salida en el tanteo y, tras proponer una rebaja contractual a su director deportivo, Willy Villar, es éste quien se ofrece a salir del club para evitar males mayores. Sin director deportivo, sin dinero, con fichas elevadas comprometidas y con un entrenador que había sido recambio de Joaquín Ruiz Lorente por el bajo rendimiento de la plantilla en la anterior temporada.

Malos mimbres para confeccionar una plantilla que salvase los muebles.

De la ilusión a la apatía absoluta

Se configuraba la plantilla por la comisión deportiva con la premisa de “más vale poco y bueno, que mucho y malo”. Jugadores que venían cobrando poco pero con un perfil más de jugones que de aguerridos. Se olvidaba la gran carencia del equipo que venía arrastrando de atrás, el carácter. Había que economizar pero se descuidó el dar a un equipo que debía luchar por evitar el descenso, una impronta de peleón.

Confianza en Andreu Casadevall y su gestión de un vestuario que venía dando señales de no ir todo lo afinado que debería de ir. Llegaban así a reforzar la plantilla los fichajes de Gecevicius, Kraljevic y Holt. Un refuerzo por posición para un bloque basado en Bellas, Jelovac, Fotu y Norel.

Tras un arranque algo ilusionante, dadas las limitaciones con las que se había compuesto la plantilla, el equipo empieza a dibujar una curva descendente. Posiblemente sería debida a un rendimiento inicial por encima de la capacidad de la plantilla, en vista del resto de competición ofrecido. También enseguida se atisbó un equipo que sólo era capaz de competir en el Príncipe Felipe, mientras a domicilio era una caricatura. En noviembre llega Juskevicius y también se recupera la figura del director deportivo de la mano de Salva Guardia. Este último llega a Zaragoza sin experiencia para un puesto similar y eso se ha dejado notar desde el primer minuto.

La dinámica empezaba a ser mala y el equipo daba ya señales de una apatía preocupante. La primera señal seria de alerta vino en el partido de Badalona, donde el equipo dejó escapar una victoria por una falta de actitud que era el anticipo de lo que iba a venir en el 2017. Casadevall se empeñaba en intentar hacer un bloque compacto y basado en la defensa, mientras que los jugadores parecían ir a librar guerras por su cuenta. Así las cosas, el nuevo director deportivo, lejos de llamar al orden a la plantilla y reforzar la autoridad de Casadevall, optó por encontrar en él al chivo expiatorio de la situación. Esto sólo hizo que debilitar la escasa autoridad conseguida por el catalán en el vestuario.

La lesión de Norel dejaba al equipo sin pivot, ya que Kraljevic no contaba en nada para el club a esas alturas. Segundo error de bulto de Salva Guardia: no fichar inmediatamente un pivot que ejerciera de puro cinco. La salida de Holt para abrir un hueco salarial, en lugar de servir para traer ese pivot ansiado, sirve para rescindir el contrato del entrenador y traer a Luis Guil en un giro que nadie esperaba. La relación deteriorada entre el director deportivo y el entrenador y el poco respaldo propiciaron esa decisión que sólo hizo que el vestuario se terminase por convertir en un polvorín. Luis Guil llegaba en una situación muy compleja y, como ha quedado demostrado, se vio desbordado por ella desde su llegada.

Empeñados se mostraban nuevo entrenador y director deportivo en que todo iba a mejorar con ese cambio, que se iba a defender mejor y que iban a mejorar los resultados. El tiempo se ha bastado para demostrar lo fallido de su diagnóstico y solución. Lo poco que tenía el equipo de Casadevall se iba diluyendo con el paso de los días. Ni el refuerzo de un voluntarioso Marcos Knight iba a detener la espiral que llevaba al desastre.

Cada jornada era una vuelta de tuerca más y aún así, en todo momento el equipo iba dependiendo de sí mismo para lo que ya era el único objetivo de la temporada: no descender. El partido de Manresa, ante un último clasificado ya descendido, sacó los colores a cualquier seguidor de Basket Zaragoza. A estas alturas ya nadie confiaba en que el equipo fuera capaz de salvarse por sí mismo. Y así fue. En la última jornada ante Estudiantes había que ganar ante un rival que no se jugaba nada. El equipo llegó a mandar en el marcador por 18 puntos, pero de nuevo emergió el grupo mediocre, los jugadores sin implicación, la falta de orgullo que no merece ni la afición ni la ciudad. Se pierde el partido y el equipo se salva por una carambola.

Sólo un cúmulo de circunstancias salva a Zaragoza de perder su plaza en ACB. Para empezar, Tenerife venció en la penúltima jornada a Barcelona en el Palau y eso forzaba a Unicaja a pelear en la última por el factor cancha de los play-off. Este detalle no es trivial, ya que Unicaja jugaba la última jornada ante Betis y, de no haberse jugado nada y haber ganado los sevillanos, lamentaría Zaragoza estar en LEB Oro. Aún así hay que recordar que sólo el tercer criterio de desempate ha salvado al equipo rojillo, ya que estaba empatado a puntos con Betis y con el basketaverage particular igualmente empatado. Una mezcla de circunstancias y el trabajo de terceros han salvado a Tecnyconta, no su propio esfuerzo y/o acierto.

Final de temporada. Equipo abucheado, gritos de “directiva dimisión” y curso para el olvido.

Las consecuencias inmediatas

Tras el final desastroso, reacciones de todo tipo. Los jugadores en su línea de apatía y despreocupación no se mostraron especialmente afectados y sólo Sergi García dio claras muestras de asumir su responsabilidad, dando gracias a la afición por todo el apoyo recibido a pesar de no merecerlo como reconocía. El esfuerzo de Benzing, la entrega de Norel y el compromiso de Bellas es lo único que los aficionados estaban dispuestos a digerir como aceptable.

Luis Guil, en una rueda de prensa un tanto desafortunada que sonaba a despedida, se mostraba contento de la salvación del equipo y se añadía a su currículum esa salvación. El presidente Reynaldo Benito empezaba su comparecencia asumiendo responsabilidades y la realidad pero poco a poco iba descargando sobre la plantilla, el tema económico y las pocas ayudas recibidas por parte de las instituciones y empresariado aragonés. Los capitanes ni siquiera comparecieron en rueda de prensa.

Presente y futuro

Ahora toca trabajar en el futuro. El presidente confirmaba que habría baloncesto y seguiría el patrocinador, lo que hay que agradecer y tomar como un mal menor ya que tocará conformar una plantilla de nuevo de mínimos, pero al menos partiendo de prácticamente cero. Sólo Bellas, Jonathan Barreiro y Sergi García tienen contrato en vigor. Se baraja un presupuesto similar al del curso pasado, por lo que habrá disponible aproximadamente 1.500.000 euros para contrataciones.

Se está barajando la posible salida de Bellas para traer un base titular, en vista de los problemas físicos del madrileño en la presente temporada. Para ello habría que llegar a un acuerdo con él ya que su contrato sigue activo. La duda también es si incluir a algún jugador en el tanteo o dejar libres a todos, ya que el tanteo es un arma de doble filo como sucediera con Jelovac el pasado verano.

La salida que ya está confirmada es la de Luis Guil que no continuará como entrenador. Se barajan nombres de entrenadores nacionales de coste bajo y el que más parece agradar al club es Ibón Navarro, por su experiencia, carácter y posibles condiciones.

El balance a esta temporada ha de ser demoledor. Pocas cosas se han hecho bien, los parches que se han buscado han sido malos y sólo cabe felicitarse por la suerte tenida. Buscar fichajes con más acierto y de perfil claramente físico y de carácter. Nacionales o extranjeros es algo secundario mientras se trabaje en tener las todas posiciones cubiertas con una plantilla compensada. Dejar todo este trabajo a un ya cuestionado Salva Guardia es algo que de nuevo sólo el tiempo dirá si es adecuado o no.

Otro gran problema que ha de afrontar el club será recuperar el ánimo de la masa social. El desencanto y hartazgo que hay en los abonados y seguidores está más que justificado. Que el presupuesto ha de ser bajo y el objetivo sea la salvación es algo que se puede asumir, pero lo que ni la ciudad ni los aficionados al baloncesto de Zaragoza estarán dispuestos a aceptar un año más es ver a un equipo que se pasea por las pistas de España sin orgullo, implicación ni “rasmia”. Especial cuidado deberá poner la directiva en la campaña de captación de abonados, los precios, las promociones y el modo en que se “venda” el proyecto 2017/18 de Basket Zaragoza.

En resumen, una pésima gestión deportiva que no cabe escudar en la situación económica. Que sin presupuesto es más difícil acertar con la plantilla es evidente. Que sin dinero el equipo esté inevitablemente condenado a descender y sin ningún compromiso no es aceptable. Los buenos gestores se demuestran cuando tienen que lidiar con limitaciones y agudizar el ingenio para sacar recursos extras y moverse para lograr los objetivos. Hacer una plantilla con dinero a espuertas (como un CSKA) y acertar es lo fácil, lo meritorio es hacer un bloque con limitación de recursos. La cadena de responsabilidades parte de la directiva, por su gestión global y por nombrar a un director deportivo que no ha acertado en ninguna decisión aún. La gran carga de responsabilidad es de la plantilla, por no haber sido lo profesionales que se suponen. Lamentarse tampoco va a servir de nada, sólo pasar a la acción y aprender de los errores. En el haber de la junta directiva hay que agradecerles todo lo que hacen por mantener un equipo en ACB y lo que han arriesgado en lo personal. Una cosa no quita la otra.

Suerte para la institución de Basket Zaragoza en el futuro, ya que Zaragoza tiene que estar en ACB porque su gente lo merece y #AZaragozaLaDefiendeSuGente.

Fotos vía: elperiodicodearagon.com  (Jaime Galindo/Javier Belver)
Foto destacada vía: elperiodicodearagon.com  (Jaime Galindo)
Artículo publicado en la web sextoanillo.com
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