La importancia de un plan

Seguimos con retazos del libro de José Mª Buceta, del que os recomendamos lectura, y esta vez vamos a hacer un repaso del capítulo tercero. En éste habla de la planificación de los entrenamientos y competiciones y la importancia de ésta.

Entrenamientos y competición

La relación entre los entrenamientos y la competición es indiscutible. En concreto en el deporte de formación ambos conceptos deben de ponerse a un mismo nivel, ya que tanto los propios entrenamientos como la competición en sí, constituyen parte del proceso de formación en igual medida. Por contra, en el deporte profesional los entrenamientos son una preparación de la competición y están enfocados a ese fin. En ambos casos, es importante tener una planificación adecuada de entrenamientos y competiciones.

Por lo general “con la competición lejos, es el momento de motivar a los deportistas hacia nuevos retos, plantear nuevas tareas y difíciles, e incluso propiciar una cierta rivalidad interna para obligarles a realizar un sobreesfuerzo. Con la competición cerca, lo prioritario es que los deportistas potencien su autoconfianza y se fortalezca la cohesión de equipo“.

La competición va a estar presente, porque al fin y al cabo es una parte esencial del proceso formativo, otra cuestión es el rol que ha de desempeñar. Así “es importante plantearse cuál es el papel de las competiciones; y en función de la respuesta, actuar en consecuencia“. No hay que perder el foco de lo que realmente es lo más importante en el deporte base, los chicos y chicas. “Los entrenadores y clubes que anteponen sus propios intereses a los de los chicos, carecen de la responsabilidad que conlleva entrenar o dirigir a deportistas jóvenes“. Todos conocemos entrenadores que son buenos y formados profesionales pero que no servirían para trabajar con equipos de niños y niñas jóvenes. Lo mismo ocurre con clubes que por filosofía adoptan una metodología casi común a todas las categorías, se trate de benjamines, alevines o de cadetes.

También es importante desvincular la idea de que sólo se compite única y exclusivamente por el hecho de ganar. No hay que olvidar que la competición es una herramienta muy importante y que “el éxito y el fracaso, bien aprovechados, son experiencias de gran trascendencia en el crecimiento deportivo y humano de los jóvenes. También lo son aprender a competir, manejar el estrés de la competición y luchar hasta el final combatiendo las dificultades que se vayan presentando“. La competición es a fin de cuentas un elemento más del proceso formativo y hay que sacarle el mejor partido.

¿Por dónde empezar?

Hay una serie de puntos que es importante tener en cuenta:

  • Si las competiciones son un medio y no un fin, todos los chicos que cumplan con el compromiso de los entrenamientos y muestren una actitud adecuada en ellos deberían participar en la competición.

  • La carga de trabajo debe de ser la apropiada en función de la edad y las posibilidades físicas de los muchachos.

  • Para fortalecer el interés por el deporte, el conjunto de actividad, competiciones y entrenamientos debe de enfocarse de manera que se logre ese objetivo.

  • Si se pretende que además contribuya al desarrollo de valores relevantes es necesario que incluya elementos pertinentes y el más importante de ellos es el compromiso. Sin compromiso el deporte pierde su valor educativo.

  • Hay que incluir estímulos apropiados que motiven a los chicos no sólo a seguir haciendo deporte, sino además, a afrontar retos más ambiciosos en función de sus posibilidades, que contribuyan a que no se conformen y quieran progresar.

Unas pautas que el autor da por edades son:

  • Hasta categoría alevín lo adecuado es establecer un compromiso muy razonable. Debería predominar el buen ambiente y el talante constructivo. Los niños deben aprender a ser puntuales y no faltar a los entrenamientos, a ser solidarios con los compañeros, educados y respetuosos con el entrenador, los adversarios y los árbitros y a actuar con deportividad. No conviene sobredimensionar sus éxitos en esta etapa.

  • A partir de categoría infantil se puede elevar el nivel de exigencia si los chicos y chicas están preparados física y mentalmente. Es una etapa clave para el aprendizaje y perfeccionamiento de la técnica. Es un periodo relevante para no limitar al muchacho y dotarle de muchos recursos. Conviene minimizar la importancia de los resultados.

  • En categoría cadete ya puede adquirir más peso el trabajo físico. Lo apropiado es no forzar un tipo de entrenamiento físico que pueda entorpecer el desarrollo aún pendiente de los jóvenes.

  • Al finalizar la etapa cadete, aquellos muchachos que tengan posibilidades de seguir avanzando tendrán que afrontar situaciones de exigencia mayor que les pongan a prueba. Un compromiso mayor con retos difíciles pero alcanzables que les obliguen a salir de la zona de confort.

En cualquier caso no hay que descuidar el riesgo de que los jóvenes se quemen. Por eso es fundamental planificar y gestionar la actividad deportiva de manera razonable, sin exprimir a los chicos física y psicológicamente.

Entrada basada en el Capítulo 3 del libro “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” de José Mª Buceta (Ed. Dykinson)

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