Motivación: gasolina para el viaje (I)

Un poco más de lectura a cuenta del libro que últimamente vamos desgranando del psicólogo y entrenador José Mª Buceta. En esta ocasión analiza la importancia de conceptos como la autoconfianza, la percepción del control y sobre todo la motivación, la que ve como la gasolina necesaria para el viaje del crecimiento en el deporte de formación. Y es que “no es fácil acertar en el fondo y la forma que cada muchacho necesita: la dosis correcta; pero ayudan mucho la prudencia, la observación y mantener la actividad deportiva en un contexto razonable en función de la edad y condiciones de cada jugador“.

La motivación básica

 El sólo hecho de que un niño se mantenga realizando una actividad deportiva un tiempo, requiere de una motivación para ello. Sin motivación no existe el compromiso que requiere la práctica deportiva.

La motivación es un elemento decisivo para que los chicos se adhieran a la práctica deportiva con el compromiso apropiado. Sin motivación no hay compromiso, y sin éste, el deporte de competición no pasa de ser una actividad ocasional de ocio. La disciplina, el afrontamiento de retos, el esfuerzo, la perseverancia, la superación de la adversidad y la continuidad que exige la práctica deportiva solo estarán presentes cuando la motivación sea suficientemente alta. Por eso, potenciar y mantener la motivación de los deportistas jóvenes es un objetivo prioritario“.

Modelos significativos

En niños, la mejor fuente de la motivación son los modelos a imitar. En este aspecto habría que diferenciar entre modelos de grandes deportistas y otros más cercanos, como pueden ser familiares o chicos mayores que ellos. Ambos son necesarios y cumplen sus funciones, “los grandes deportistas representan el sueño del niño y los deportistas más cercanos aportan el realismo“.

La estimulación de los padres

 Los padres pueden jugar un papel muy importante en la motivación de los muchachos y de hecho “conviene que exista un equilibrio entre lo que los niños demandan y lo que los padres estimulan“. Es decir, no conviene empeñarse en estimular a un niño que no está motivado, porque esa estimulación no deja de suponer una simple presión. La estimulación debería de ser un complemento de la motivación.

Los padres deben conocer el grado de motivación por el deporte que tiene su hijo, y para eso disponen de dos grandes indicadores: el interés que muestra y cómo afronta el coste que le supone. Es decir, cómo lleva la exigencia, el esfuerzo y el sacrificio que tiene que hacer. (…) Hay que comprender el nivel de compromiso que está dispuesto a adquirir y proporcionarle la oportunidad de que practique deporte a ese nivel de compromiso“.

Beneficios y costes

 Se ha hablado ya de los costes y también juegan un papel importante en la motivación los beneficios. “La motivación tiene que ver con los beneficios que se pueden obtener“.

En la parte de los costes pondremos la dedicación, la disciplina, el esfuerzo… Así, “una motivación sólida es la que se apoya, por un lado, en un interés firme por los beneficios y en una gran disposición a asumir los costes con una actitud positiva“.

Lógicamente la relación beneficios/costes debe ser favorable a los primeros y así “el coste puede ser alto, siempre que el beneficio también lo sea“.

Participación en las decisiones

 “Otro elemento de considerable trascendencia es que los deportistas jóvenes participen con responsabilidad en las decisiones que les conciernen. (…) Los padres pueden involucrar a sus hijos en la toma de decisiones que les conciernen: les trasladan la decisión final para que sean ellos quienes la tomen, pero también les informan de los costes y el compromiso que adquieren“.

Objetivos interesantes

 Otro aspecto que ayuda a mantener en los chicos una motivación suficiente es el tener claros unos objetivos interesantes. Por el hecho de los propios objetivos en sí mismos y también por “el propio desafío que supone esforzarse para conseguirlo“.

Cuando no hay un objetivo claro, este no es interesante o se considera demasiado fácil, la motivación suele ser insuficiente. Si se trata de un objetivo adecuado, bien definido, que estimula el interés del muchacho y su percepción de que puede lograrlo si se esfuerza, será más probable que acepte un coste elevado y persevere hasta conseguirlo“.

Motivación cotidiana

La motivación, necesaria como estamos viendo, necesita ser mantenida en unos niveles adecuados a lo largo de todo un curso, temporada, etc. Para ello es importante el día a día. “El reto del entrenador en el deporte de base está en conseguir que cada entrenamiento y competición sea una experiencia fabulosa que enganche a los chavales“.

El reforzamiento social

 Para alimentar la motivación es también importante lo que el autor llama reforzamiento social y no es otra cosa que buscar el justo equilibrio entre un nivel de exigencia adecuado a las posibilidades del muchacho y el reforzamiento con un halago o reconocimiento a su esfuerzo.

El papel de los padres

Su función no es criticar al entrenador ni interferir en su trabajo, pero sí observar si la actividad diaria alimenta o daña la motivación de su hijo deportista. Para eso, deben de comprender que no se trata de que todos los días salga el chico contentísimo. Resulta inapropiado que sobreprotejan al chaval. Hay que permitir que los chicos se endurezcan sobreponiéndose por sí mismos a las dificultades“.

Motivación compensada

 “Compararse con los demás tiene una gran importancia en deportistas jóvenes, por lo que medirse en el deporte de competición y ser mejor que los otros, alimenta la motivación de muchos chavales. Esta tendencia natural, favorece que los deportistas sean ambiciosos y se esfuercen por superarse“.

La motivación por superar a los demás es esencial en el deporte de competición. El riesgo no está en que esta motivación exista, sino en que ganar a otros sea el único indicador de progreso y la única fuente que alimente la satisfacción y motivación de los chicos. ¿Qué hacer entonces? Compensar esa tendencia. ¿Cómo? Desarrollando paralelamente una motivación por los retos y los resultados respecto a uno mismo“.

Para fomentar una motivación compensada, resulta apropiado establecer objetivos de mejora con independencia de los resultados. El deportista debe percibir que el entrenador y sus padres valoran sus progresos por sí mismos“.

Entrada basada en el Capítulo 6 del libro “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” de José Mª Buceta (Ed. Dykinson)

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