Motivación: gasolina para el viaje (II)

Como segunda parte de la entrada que hablaba de la motivación, en base a un capítulo más del libro de José Mª Buceta, este post repasa las páginas que quedaron sin resumir. Un repaso a la importancia de la motivación como fuente de energía e inspiración especialmente en categorías de formación.


 Temas como la motivación están muy relacionados con conceptos como la autoconfianza y la sensación de control que puede llegar a tener el jugador o jugadora. “La percepción del control es la base de la autoconfianza (…). En contraposición se encuentra la indefensión aprendida. La persona que se siente indefensa ha llegado a la conclusión de que, haga lo que haga, no puede influir en lo que sucede“.

Todo lo hablado en este capítulo del libro suena a muy utópico o idealizado, quizá filosófico, por eso el autor también hace una llamada a la realidad diciendo “¡Ojo!. Los resultados importan a los chicos. Por mucho que se intente apartarlos de ellos, no es posible en el deporte de competición“.

En el proceso educativo de los niños y los adolescentes, más allá del deporte, es sumamente importante desarrollar la percepción de control y evitar la indefensión. Especialmente transcendente es cultivar las acciones que conllevan esfuerzo, perseverancia, concentración, actuación controlada y utilización de recursos que han probado su eficacia en ocasiones pasadas“. En este párrafo se encierra la clave para lograr una motivación que propicie el buen trabajo y, con él, la obtención de los mejores resultados formativos. Hay que centrar los esfuerzos en trabajar unos cimientos que sean esa sensación de poder tener el control y desterrar la indefensión, esa sensación de que se haga lo que se haga, no se influye en los resultados logrados.

La autoconfianza

 “Es la confianza que los deportistas tienen en sus propios recursos para lograr un determinado objetivo“. Y es que es vital que el deportista disponga de ella ya que “el deportista con autoconfianza, respecto al que no la tiene, conoce aproximadamente sus posibilidades reales y las acciones propias que debe emplear para que tales posibilidades existan“.

También es muy útil para combatir el estrés propio de la competición, funcionando como antídoto de éste. Además de ser “un aspecto clave para alimentar y mantener una motivación alta“.

Motivación y autoconfianza se deben desarrollar paralelamente (…) ya que cuando los muchachos confían en que pueden alcanzar los retos que les interesan, su motivación se fortalece todavía más. En los casos de deportistas con poca autoconfianza, es fundamental priorizar el fortalecimiento de esta para poder iniciar el camino de una motivación mayor“.

Y se llega a la pregunta del millón: ¿cómo se trabaja, genera y fortalece la autoconfianza de un muchacho? Lo que sugiere el autor es primeramente con “objetivos a corto plazo que pueda controlar y progresivamente aumenten su dificultad. (…) Es importante establecer objetivos que dependan del propio deportista, que centre su atención en lo que dependa de él, reciba instrucciones y feedback respecto a lo que pueda controlar y que tanto él como los demás evalúen su rendimiento más por lo que hace que por lo que consigue“.

Éxito y fracaso controlados

La autoconfianza nace de hechos concretos y objetivos, se apoya en ellos para reforzarse. “El éxito controlado tiene lugar cuando el deportista consigue un buen resultado y lo atribuye a recursos propios que puede volver a utilizar en el futuro. El fracaso controlado está presente cuando el resultado no ha sido el deseado pero el deportista percibe que, a pesar de ello, ha controlado el proceso para intentarlo y ahora conoce mejor el camino para conseguir ese resultado en el futuro. Las experiencias de éxito controlado fortalecen la autoconfianza y la motivación. Las de fracaso controlado contribuyen a desarrollar la tolerancia a la frustración y la capacidad de superarse ante la adversidad sin perder el control“.

Establecimiento de objetivos

Para el desarrollo de la motivación y la autoconfianza es bueno establecer objetivos apropiados y este es uno de los principales cometidos de un entrenador, algo que debería compartir con los padres para que estos conozcan qué es lo que se espera de sus hijos. Los objetivos pueden ser de resultado o de realización, es decir, lo que el deportista consigue o lo que hace. (…) Tienen que ser objetivos interesantes, desafiantes y a la vez alcanzables. Igualmente es importante establecer un plazo para la consecución de los objetivos, un plazo razonable en función de las características del objetivo“.

La consecución de objetivos por tanto fomentan la motivación, pero siempre y cuando sean bien planteados. “La motivación por un objetivo más próximo será mayor, el logro contribuirá a fortalecer la autoconfianza, lo que a su vez incidirá en la motivación para afrontar el siguiente objetivo. Es importante que los objetivos estén bien definidos y sean concretos. (…) y que a los chavales se les explique bien el por qué de cada objetivo que se les plantea: su necesidad y transcendencia, los costes que conlleva, sus consecuencias… También es recomendable que participen en la toma de decisiones respecto a los objetivos“.

Entrada basada en el Capítulo 6 del libro “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” de José Mª Buceta (Ed. Dykinson)

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